Falemos de Pixoação

Encuentro con Bruno Rodrigues
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El día 15 de marzo, el campus de Poitiers tuvo la oportunidad de recibir a dos brasileños: Bruno Rodrigues, artista y director del movimiento de Pixoação en la ciudad de São Paulo, y Micaela Altamirano, miembro del Centro de Investigaciones socio-semióticas de la Pontificia Universidad Católica de São Paulo. En el encuentro, pudimos observar y discutir el documental realizado por Bruno acerca de la Pixoação. Dicho encuentro fue seguido el día siguiente con un taller artístico y unas breves preguntas que pudimos realizar a Bruno.

En dicha entrevista, Bruno nos revela la esencia del pensamiento pixador. Primeramente, encontramos esta lucha por romper el clásico estereotipo que cataloga al pixador como un bandido. Su gran trabajo documental iniciaba para ser reconocido en el seno de su familia y actualmente forma parte de un trabajo inédito de registrar, documentar y archivar la riqueza cultural de este movimiento para garantizar su preservación en el tiempo. De esta manera, Bruno quiere mostrar los hombres y mujeres comunes y reales que deciden participar en esta actividad artística.

            A través de estos esfuerzos de información y concientización, el documental de Bruno establece un dialogo entre el medio interno pixador y el medio externo de los pixadores, su audiencia. En ese sentido, podemos pensar el valor que adquiere su trabajo al reivindicar las verdades y los “por qué” de cada pixador. En el camino de las reivindicaciones, los pixadores demandan el reconocimiento del pixo como patrimonio. De hecho, este proceso comenzó desde el medio interno pixador al considerar los pixos como bienes de la ciudad.

En lo que refiere a la relación entre los pixadores y el sistema institucional brasileño, tanto la izquierda como la derecha en la burocracia siempre se han posicionado en contra de la practica pixadora. Este rechazo se ve reflejado en los medios de comunicación del país y se ve igualmente expresado en buena parte de la población. Es justamente esta idea del pixador que quebranta la ley e irrespeta la propiedad privada, la que Bruno busca aclarar para mostrar su lado humano y verdadero.

Por el contrario, otros movimientos que pueden ser considerados como callejeros, como por ejemplo el grafiti, ha adquirido su legalización durante el gobierno de Dilma Roussef. Esto ha traído como consecuencia una mayor exclusión de los pixadores en el mundo social. Dicha exclusión se observa incluso en las iniciativas de la alcaldía de Sao Paulo por crear espacios de expresión para los grafiteros. Este comportamiento es practicado incluso en la población local donde se promueve la apropiación de las zonas por los grafitis y, por consiguiente, el impedimento para los pixadores de expresarse.

            Este rechazo en diferentes niveles de la sociedad muestra las dificultades para abrir los espacios de comunicación, libertad y expresión. La pixoação como arte expresa opiniones, sentimientos y mensajes de sectores de la población que históricamente son excluidos.  Se trata de una cultura inspirada del movimiento Punk en los años 80 que integra un cierto conjunto de normas como forma determinada de expresión. En definitiva, la pixoação, a pesar de sus peligros y sus riesgos, muestra ser parte de la autenticidad de la ciudad de Sao Paulo. ¿Veremos algún día a la pixoação como legitima en la sociedad? Es una pregunta difícil de responder que no logra consensos incluso entre los pixadores. La pixoação como representación artística de sectores excluidos, puede ser por esencia anti institucional, enfrentada a la autoridad y así, imposiblemente reconciliable. De hecho, podemos considerarla como el resultado de denuncias de problemas sociales e insatisfacciones personales que encuentran la pixoação como una forma de expresar dichos descontentos. De esta manera, en lugar de ilegalizarlos e visibilizarlos, deben llamar nuestra atención para darle solución.

 

Como nos dice Bruno Rodrigues, no podemos cerrar nuestras consideraciones personales y demonizar a los pixadores como gente que destruye. Al contrario, no nos precipitemos en juzgar, interesémonos en el significado real detrás de esta forma de expresión y valoremos la diversidad cultural de las ciudades latinoamericanas. 

-David Chacon Labrador