Argentina: Cristina en camino a la reelección

Los resultados de las internas abiertas, obligatorias y simultáneas, realizadas el pasado 14 de agosto nos permiten presentar claramente los trazos generales del escenario político que se configura de cara a las elecciones presidenciales a realizarse el próximo 23 de octubre.

El triunfo de la presidenta Fernández de Kirchner por más del 50% de los votos y la enorme diferencia que su candidatura alcanzó respecto de sus competidores más próximos, confirma el proceso de sostenida recuperación de la popularidad de la figura presidencial y nos permite pronosticar que, salvo la irrupción de algún acontecimiento inesperado, Cristina se transformará en la primera presidenta mujer en conquistar un segundo mandato consecutivo en la historia del país. Analicemos entonces brevemente este proceso electoral, aplicado por primera vez en el territorio nacional, de manera de poder brindar diferentes líneas de interpretación sobre este un nuevo ciclo político que se inaugura en la Argentina.

Digamos, para empezar, que en los meses previos a los comicios internos de agosto los resultados de las elecciones provinciales realizadas en tres distritos de central importancia en el territorio argentino despertaron múltiples incertidumbres en el elenco oficial respecto del grado de adhesión real con el que contaba el gobierno. Luego de las victorias obtenidas por el kirchnerismo en las elecciones locales realizadas en diferentes distritos de poco peso electoral, las derrotas registradas en Santa Fe, donde triunfó el Partido Socialista y el Frente para la Victoria quedó relegado a un lejano tercer puesto, en la Ciudad de Buenos Aires donde Mauricio Macri, actual jefe de ejecutivo local, alcanzó una inapelable mayoría en la segunda vuelta, y finalmente, en la Provincia de Córdoba, donde el histórico referente del peronismo cordobés, Manuel De la Sota, obtuvo una contundente victoria pregonando un discurso de autonomía respecto del gobierno nacional, transformaron a las internas partidarias en una verdadera prueba de fuego para el kirchnerismo en su carrera por lograr mantenerse en la cima del poder luego de octubre.

Apenas una semana después de las elecciones en la provincia de Córdoba, los resultados alcanzados por la presidenta en dichos comicios despejaron cualquier tipo de duda. Cristina recibió un apoyo masivo del electorado a lo largo de toda la escala social, aunque fue predominante el voto de los sectores más humildes, y a lo largo de todo el territorio triunfando en 23 de los 24 distritos electorales incluyendo, evidentemente, los territorios donde el FPV venía de ser derrotado en mano de los oficialismos locales. Obtuvo el respaldo mayoritario también de los principales centros urbanos del país, sostén negado cuando en 2007 Cristina conquistó el acceso a la presidencia, y en la mayoría de las zonas rurales, epicentro del conflicto que el gobierno protagonizó con los sectores agrícolas a lo largo del año 2008 y que tuvo como corolario la dilución del capital político de la presidenta y la derrota del kirchnerismo en los comicios legislativos de junio de 2009. Así entonces, si bien todavía hay que esperar los resultados de las elecciones, en el próximo mes de octubre, podemos afirmar que la categórica victoria alcanzada en los comicios internos marca el cierre definitivo del período de crisis que experimentó el gobierno desde los primeros meses de la gestión presidida por Cristina, inaugurando ahora una nueva etapa marcada por un proceso de sostenida consolidación de su liderazgo presidencial. ¿Cómo explicar este éxito? ¿Cómo dar cuenta de los cambios en los climas de opinión?

Diferentes factores confluyen en la configuración de un clima de opinión favorable al gobierno, ahora traducido en votos. Primero, la capacidad de iniciativa política que el kirchnerimo logró detentar estos últimos años, reflejada en la instrumentación de diferentes políticas públicas que contaron con el beneplácito de una parte mayoritaria de la opinión publica. Entre ellas se destacaron la estatización de la jubilaciones; la aprobación de la ley de medios de comunicación que regula el espacio audiovisual; el establecimiento de la asignación universal por hijo; y finalmente, la promulgación de la ley del matrimonio homosexual. En segundo lugar, cabe remarcar el fenómeno de movilización masiva que produjo la muerte el año pasado del ex presidente Néstor Kirchner, acontecimiento que alimentó una estrategia desplegada desde el gobierno de seducción hacia los sectores de la juventud, la cual redundó en la renovación de ciertos espacios políticos. Estas dos dimensiones creemos que contribuyeron a la ampliación del apoyo al kirchnerismo, constituyendo bases de respaldo sostenidas y activas en términos de su participación política que reflejaron las capacidades que demostró el liderazgo presidencial, expresadas en su poder de decisión, al detentar la iniciativa política, y del poder de conducción, al lograr disciplinar a los diferentes actores en pugna al interior del heteróclito frente político kirchnerista. Pero además de ese respaldo, las recientes elecciones dieron cuenta de la configuración de un consenso más pasivo, menos militante, que apoya al gobierno al compás del círculo virtuoso de consumo y crecimiento económico del que goza por el momento el país. Sobre una parte de este apoyo más conformista pudo haber incidido también la propia incapacidad de la oposición para dejar de ser meros rivales del gobierno y constituirse en una verdadera alternativa política.

Así, entre los efectos más evidentes que dichos comicios produjeron sobre el escenario político argentino de cara a las elecciones de octubre, podemos mencionar la exitosa traducción en votos del virtual y cambiante apoyo a la presidenta, registrado en las encuestas de opinión. En otras palabras, se materializó en estos comicios la ola de adhesión ciudadana con la que cuenta el gobierno desde fines del año pasado. Además, se despejaron ciertas dudas sobre el peso real de los referentes distritales del peronismo, que operan en las fronteras de su apoyo al oficialismo, a la hora de sumar voluntades electorales. Cristina no necesita hoy el respaldo de ningún gobernador para conquistar las preferencias del electorado y despejar así su camino hacia la reelección. Su figura cuenta en la actualidad con un sostenido consenso gracias a sus capacidades de liderazgo demostradas en el plano de la gestión, a su poder de conducción en el terreno partidario, y también, a la voluntad de reinvención de su propio estilo de acción política, tendiendo ahora en sus intervenciones en el espacio público a desplegar una oratoria oficial más moderada, más respetuosa de la pluralidad política y menos habitada por la sobreactuada creación de enemigos existenciales.

No obstante, considerando la naturaleza volátil y cambiante de los escenarios políticos contemporáneos, y particularmente del argentino, será fundamental de cara al futuro que el gobierno evite repetir errores del pasado, que lo llevaron a perder rápidamente el capital político acumulado, y que logre enfrentar con éxito tanto los desafíos económicos que la coyuntura internacional y realidad nacional le plantea, como los dilemas presentes en un terreno más político, en particular en su relación con el peronismo y los sindicatos. Respecto del primero de los desafíos será de suma importancia que se atiendan los diferentes desequilibrios que el modelo económico, a pesar de todavía registrar importantes tasas de crecimiento, revela en su dependencia de la evolución positiva de los precios internacionales y en el problema histórico del control de los índices inflacionarios. En relación con el segundo, el gobierno parece haber recuperado parte del apoyo de los sectores medios afirmándose con éxito como una fuerza política de corte progresista en la escena nacional. Para ello, sin caer en irresponsables aventurismos y en falsos idealismos, el kirchnerismo no debe abandonar su impronta reformista y avanzar con los cambios pendientes en la imprescindible renovación tanto de la escena partidaria como en la organización del campo sindical. En ambos terrenos el gobierno desplegó estrategias ambiguas y contradictorias buscando por un lado la renovación de los actores políticos, pero consolidando y favoreciendo, por el otro, la reproducción de los factores de poder existentes. El liderazgo de Cristina logrará avanzar en su proceso de consolidación si logra también poder innovar en este sentido.

Las elecciones primarias son un método de selección de candidaturas para cargos públicos electivos nacionales y de habilitación de partidos y alianzas para votar competir por tales cargos. Para poder participar de la elección se exige que cada partido o alianza haya obtenido entre todas sus listas de precandidatos un umbral de apoyo mínimo equivalente al 1.5% de los votos validos en el distrito y para el cargo en el que pretenda participar (Fuente: Ministerio del Interior de la Republica Argentina). De este modo, dado su carácter obligatorio para todas las fuerzas políticas que busquen participar de los comicios nacionales, y por su carácter simultaneo y abierto a la participación de todos los ciudadanos las mismas se presentan como una suerte de ensayo de la elección nacional y como una herramienta de análisis de neto valor predictivo respecto de las tendencias generales que podrían definir a dicha elección.

Según los datos oficiales del escrutiño definitivo, el Frente para la Victoria (FPV) y la fórmula encabezada por Fernández de Kirchner obtuvo el 50.24% de los votos, atrás quedó el frente político presidido por Ricardo Alfonsín con el 12.20%, la alianza que llevó a Eduardo Duhalde como candidato a presidente con el 12.12% y el Frente Amplio Progresista liderado por Hermes Binner con un 10.18% de los votos.

Según los datos aun provisorios, difundidos públicamente por la prensa nacional, Cristina se impuso en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires  con un 30,08%, en las ciudades de Córdoba con un 31,15%, de La Plata  con un 40%, de Bahía Blanca  con un 44%, de Mar del Plata con un 50%, y los siempre reacios municipios de la zona norte del conurbano de la Provincia de Buenos Aires: en San Isidro con un 31% y en Vicente López con un 28,78%). Incluso en la ciudad de Rosario, bastión histórico del socialismo, si bien Cristina no pudo superar a Binner, precandidato a presidente por esta fuerza y gobernador de la provincia de Santa Fe, logro casi alcanzarlo al obtener el 37.34% frente al 38.04% que logró el mandatario provincial. Por otra parte Cristina ganó en todos los distritos que componen la provincia de Buenos Aires, a excepción de solo dos de ellos, alcanzando claras vitorias en diferentes localidades bonaerenses, escenarios de la protesta rural durante 2008, como Pergamino (39,07%), Navarro (45,71%), Pehuajó (50,89%), Rauch (45%), Junín (43%), Villegas (43%) y General Belgrano (48,81%), entre otros.

El acompañamiento de este electorado, entendido a partir de esta claves interpretativas, nos brinda interesantes pistas de lectura para entender las razones del respaldo tanto urbano como rural a la presidenta, así como para poder comprender las diferencias registradas entres los comicios provinciales, realizados en los principales distritos del país (Santa Fe, Córdoba y la Ciudad de Buenos Aires) y los resultados que arrojaron esta suerte de elección anticipada en la que devino la realización de las elecciones internas de agosto.